martes, 21 de enero de 2014

Los francos

 No sé por qué extraño mandato divino, hay ciertas gentes que se creen en la obligación de enarbolar la bandera de la franqueza, sin importarles, lo más mínimo, el daño y el sufrimiento gratuito que provocan a otras personas. No son capaces de comprender que su franqueza, mal dictaminada, a muchos nos parece más bien, bajeza; que su sinceridad, mal desarrollada, a muchos nos parece más bien, retorcimiento; que su honradez, mal evaluada, a muchos nos parece más bien, falsedad; que su rectitud, mal dibujada, a muchos nos parece más bien, doblez.
 No trato, vuestro Dios me libre, de hacer cambiar a nadie de postura. No respeto a aquellos que cometen errores, de hondo calado, y su mal entendida franqueza, no les permite ni pedir perdón por ello. Su altanería les empuja a seguir pensando que están en posesión de la verdad y que más allá de su convencimiento personal, no hay nada, sin llegar a comprender, que el silencio que se hace a su paso, no es fruto de la desinformación o del desinterés, todo lo contrario. Qué fácil es ser innovador, cuando la vida te ha puesto, y te sigue poniendo, todo a tus pies. Qué fácil es estar indignado, cuando la sociedad te lo ha dado, y te sigue dando, todo.
 Sigan "los francos" pensando que son la estirpe de una sociedad que se desmorona, que los demás seguiremos marcando más, si cabe, la distancia que nos separa de ellos. Y es que, en el mundo que nos ha tocado vivir, cabemos todos. Afortunadamente para nosotros.

lunes, 20 de enero de 2014

Borrón y Cuenta Nueva

 Son muchos los motivos que me han llevado a "esconderme" todo este tiempo. Quizás, solo quizás, no sean demasiado comprensibles, pero lo cierto y verdadero es que yo no encontraba la forma de compaginar, por un lado mi vida personal y por otro, mi afición por las Redes Sociales. No soy de los que tiran la piedra y esconden la mano. Ya me conocéis. Más bien, muevo también mi mano cuando alguien cercano a mí, tira la piedra con criterio. Y ciertamente, como "reza" en mi presentación en Twitter (@albino1965), siempre estoy donde no debiera. Que le vamos a hacer. Yo soy así.
 Durante todos estos meses he retenido mi devoción por plasmar, en un folio en blanco,  cuanto me acontecía. Como los tiempos cambian, ahora en lugar de folios, utilizo ese invento que son los Blogs. Han pasado muchas cosas, quizás demasiadas. Quiero pasar, con todo el respeto, un tupido velo por encima de todas ellas y obviarlas en el mismo rincón de mi existencia. Y, seguramente no sea ésta, la manera más justa, pero es la única forma que conozco para hacer un borrón  y cuenta nueva. Necesito pasar las páginas de mi vida, todas juntas, hasta el día de hoy. Sin "forigar" más en ellas. Yo soy así.
 
 
 


miércoles, 3 de julio de 2013

Como decíamos ayer........

 Al igual que Fray Luis de León, a su regreso a la cátedra de Salamanca tras años de ausencia debido a la Santa Inquisición, hacia célebre la frase "como decíamos ayer.....", hoy, que he tenido el enorme placer de compartir con un viejo amigo, aquejado de una terrible enfermedad que ojala tarde mucho en arrebatárnoslo, una jornada maravillosa después de muchos años de no vernos, hemos comenzado nuestra conversación, después de un efusivo abrazo y dos reconfortantes besos, con un emotivo "como decíamos ayer", con el que hemos querido olvidar todo el tiempo que hemos estado el uno sin saber del otro.  Y es que eso hoy no era importante. Había que aprovechar el poco tiempo que ambos habíamos "robado", literalmente, a nuestras familias y ponernos al corriente de todo cuanto acontecía en nuestras alejadas vidas.
 Es muy difícil plasmar en un papel, con un puñado de palabras, la emoción que he sentido al reencontrarme con mi amigo. Durante el tiempo que he tardado en llegar al lugar donde reside actualmente, he tratado, mentalmente, de imaginarme aspectos de su vida cotidiana, intrascendentes para muchos, pero importantes para una mente inquieta como la mía. Quería recorrer el tiempo que habíamos estado separados de una manera rapidísima y ansiaba, con entusiasmo, el momento de dibujar una amplia sonrisa en nuestras caras, signo inequívoco de una amistad que perdura. Cosquilleo en el estómago, nervios a flor de piel, aumentos de los latidos de un corazón acostumbrado a esfuerzos atléticos, síntomas más propios de unos jóvenes enamorados que de unos amigos a los que sus propias vidas los había separado irremediablemente. 
 Durante las pocas horas que hemos estado juntos he percibido que el mundo se detenía a esperarnos. Nada, ni nadie, podía romper el encanto de estar frente a frente. Nada, ni nadie, podía robarnos ni un segundo de nuestro tiempo. Nada, ni nadie, podía difuminar el placer de estar juntos. Nada, ni nadie, ha osado interrumpir nuestra charla. Por un momento todo lo que nos rodeaba ha dejado de tener importancia y tan sólo, él y yo, hemos tenido el protagonismo que los dos ansiábamos. Hemos hablado de todo y de todos. Nos hemos mirado a la cara, frente a frente. Hemos compartido sonrisas. He sentido sus pupilas en las mías. Hemos recordado momentos muy emotivos y otros no tanto. Hemos recorrido cada una de nuestras vidas y nos hemos "desnudado" mutuamente, como quien se desprende de la ropa delante de la persona que uno más quiere. 
 Pero, como casi todo en esta vida es efímero, pasajero, ha llegado el momento del adiós. No un hasta luego cercano, sino un adiós atemporal, duro, lejano, imposible. Ninguno quería que acabara nuestro día y buscábamos escusas para alargar lo que se dibujaba como una dolorosa despedida. Hacia mucho tiempo que no estábamos juntos, frente a frente y sabíamos que pasará, seguramente, mucho tiempo antes de que volvamos a vernos, de nuevo. Pasará mucho tiempo hasta que volvamos a mirarnos con la dulzura con la que hoy lo hemos hecho. Nuestras vidas están tan lejanas, tan dispersas, que no hemos sido capaces de ver la forma de acercarnos. 
 He sentido, querido amigo, la locura de cogerte de la mano, llevarte junto a la playa que imaginaba en el horizonte, descalzarte, remangarte el pantalón y pasear por la orilla, sintiendo como las olas golpeaban nuestros desnudos tobillos. He sentido, querido amigo, la locura de arrebatarte de tu mundo y desaparecer contigo. He sentido, querido amigo, la locura de retar a la vida y apostar por ti. He sentido, querido amigo, la locura de buscar un lugar donde poder compartir contigo todo lo que la vida no nos permite, aquí y ahora. He sentido, querido amigo, la locura de saber que un día nuestras vidas se cruzarán nuevamente y entonces, sólo entonces, mis manos no dejarán que se suelten las tuyas.
 Y cuando ese día llegue, recuerda, querido amigo, que empezaremos nuestra charla, como hoy, diciendo aquello de "como decíamos ayer.......".

viernes, 31 de mayo de 2013

Mi infancia más querida.

 Cuando todo parece teñirse de negro, cuando a uno le envuelve la más absoluta obscuridad, cuando todos los frentes parecen cerrarse, cuando no ves salida por ningún sitio, cuando cierras los ojos y te gustaría no abrirlos más, cuando ni desaparecer es ya una solución convincente, cuando ni las lagrimas curan la desazón de tu dolor,  encuentras en el espacio una luz tenue y suave, lejana, que te indica que sigues estando vivo. 
 Y al mirar esa luz de la que no puedes despegarte, descubres, sonriente, una época nunca olvidada, ciertos aromas de flores asilvestradas, una voz indefinida, unas manos temblorosas, unos ojos agrietados, una sonrisa delatadora, unos labios deseosos, un corazón enamorado. 
 Y cuando tratas de acercarte, nervioso y dubitativo, a esa luz, maravillosa, descubres que no ha transcurrido una  eternidad, tan sólo el pequeño instante de cerrar los párpados para besar, torpemente, esos labios afrutados.
 Y entonces, sólo entonces, descubres que la luz no es más que ese sentimiento de amor platónico que perdura eternamente.
 Y entonces, sólo entonces, descubres que la luz eres tu, mi infancia más querida.

jueves, 23 de mayo de 2013

El bombo de la Vida

     Anteayer me sometí a una pequeña intervención quirúrgica. Microcirugía Endolaríngea, creo que la llaman. Tratan de averiguar qué está produciendo esta afonía que me acompaña desde hace más de nueve semanas, porque con las cámaras que a uno le introducen por la nariz, han visto que hay dos pequeñas heridas, simétricas, que no catalogan de forma segura. A mi amigo Paco, el Otorrino, le tranquilizaba ver que había dos, pero a mí, que quieren que les diga, no me ha llegado a tranquilizar, al revés, pensaba que dos eran peor que una, será porque no tengo ni idea del tema. Pues bien, como decía, le duermen a uno enterito, todo lo grande que es y pierde toda noción del tiempo y del espacio. Una vez que el bueno de Nelson, el Anestesista, me introdujo en la vía un líquido milagroso y mientras Carmen me preparaba, me sumergí en un profundo sueño del que no regresé hasta pasado un buen rato. No sabría decirles cuánto. Y según me contó Paco, que se acercó luego a la cabecera de la cama número tres de la CMA, donde me habían ubicado Concha y Mari Luz, había limpiado completamente una de las cuerdas vocales inferiores, la derecha, porque por lo visto tenemos cuatro, dos inferiores, donde se articula la voz y dos superiores y de la otra inferior, la izquierda, había tomado una muestra para analizarla en Anatomía Patológica. Que el aspecto era bueno, pero .... Y te lo dicen como si fuera tan normal. !Joder!, te duermen un rato y te encuentras que estas pendiente que los Patólogos, Manolo y compañía, te digan si la herida que tienes es benigna o maligna, que si lo que han extraído es un papiloma de cuerdas vocales, que si estoy pendiente de extraer una bola del bombo de la Vida, del que un día mi gran amigo Miguel, el Internista, me comentaba cómo éramos agraciados a contraer cáncer, para entendernos. Pero oiga, que yo solo tenía una leve afonía, nada más.
      Y ahora tú tienes que mostrar la suficiente entereza como para asumir lo que te están transmitiendo y además hacerte, literalmente, el sueco, para que nadie comprenda que estas acojonado, permítanme la expresión, aunque lo estés. Realmente no sabes si tus familiares más directos, mi mujer en este caso, ya sabe que tienes un cáncer de laringe y disimula como si fuera la actriz más laureada de los Oscar, o si nadie quiere decirte la verdad por aquello que tiempo habrá para dar malas noticias, o si, realmente, nadie sabe nada como todos afirman. Mientras tanto, no te preocupes que verás como no es nada, no pienses ahora en eso, lo que sea será, hay que ser positivo, todo tiene cura, etc. Frases que deberían darte ánimo y lo único  que hacen es hundirte más en la miseria. Tan mala suerte iba yo a tener para sacar una bola negra del bombo de la Vida. Papiloma, me suena a la vacuna que se le pone a las adolescentes. Y buscas en Internet. Acudes al sabio de Google y pones "papiloma de cuerdas vocales". Y la acabas de cagar. Te habla de sexo oral, de posible derivación en cáncer laríngeo, de quimioterapia, incluso tienes imágenes en Youtube muy parecidas a las que Paco me enseñó mientras tenía yo metida la camarita en la fosa izquierda de mi apreciada napia. Y ahí estaban mis dos heriditas, simétricas, que ahora resulta que pueden ser papilomas. Y todo esto en tres días, como quien dice, porque al ser de la Casa, todo se ha hecho rapidísimo.
      Lo cierto y verdadero, es que son las tres y veinte de la mañana del Jueves, 23 de Mayo de 2013, día en el que me informarán, extraoficialmente, de qué es lo que tengo en mis cuerdas vocales. Yo que nunca he sido un jugador aficionado a los juegos del azar, salvo al cupón de la ONCE de los viernes y el décimo de la Lotería del Niño que compro en mi pueblo, Andorra, si, la de Teruel, por aquello que una vez tocó allí, me encuentro que estoy pendiente de extraer una bola del bombo de la Vida. No se sí será blanca o negra, pero vaya espera más desesperante, valga el juego de palabras. Por un lado quieres  pensar que es imposible, pero por otro piensas que por qué iba a serlo; por otro, cierras los ojos y te ves con la  traqueotomía hecha, que no se sí tan siquiera si hablamos de lo mismo y te viene a la memoria María, una celadora del Hospital a la que se la hicieron y que era, o es, Presidenta de la Asociación de Laringectomizados de Extremadura. Y es que la imaginación es libre y rapidísima. Y yo puedo engañar a las personas que me rodean, pero no puedo engañarme a mí mismo cuando trato de plasmar lo que siento en estos momentos. Y me viene a la cabeza mi gran amigo Simón, de Calamonte, a quién el cáncer pensó que podría arrebatárnoslo y resulta que con varios tipos, sigue luchando por vivir, y vive. Curiosidades de la vida, me acaba de llegar su solicitud de amistad en Facebook, que por supuesto acepto con enorme agrado. Y me vienen a la memoria, Osorio y Paquito Martínez, que ya no están entre nosotros. Mi "tito" Juan, el chino, y su elegante, donde las hubiera, hija Manoli. La que sería hoy mi suegra, Vito y la que fue, también, mi suegra, la señora Manuela. Nuri y mi queridísimo Felipe, el tio Mariano, mi vecino de toda la vida,.........Tantas y tantas personas a las que el bombo les otorgó una bola negra. En el otro extremo, afortunadamente, bastante personas que recogieron su bola blanca, pero quizás, sólo quizás, hoy están éstas más diluidas, más distantes, más lejanas. Me siento más cerca de las bolas negras y quisiera yo equivocarme, pero ..........
 








miércoles, 8 de mayo de 2013

Cuento Infantil



 
 
 

Mérida, 16 de Mayo de 2012

 
                Y el pequeño oso azul, cuyo parecido con el pequeño Sacul era, a juicio de su madre motivo de mofa al vestirlo por la mañana, se movió despacio, muy despacio, como si no quisiera que nadie en la casa supiera que era capaz de moverse por sí solo.  Abrió los ojitos y comprobó que todo estaba oscuro, por lo que dedujo que era de noche. O quizás las malditas persianas estaban otra vez bajadas y no entraba suficiente luz. Movió su cabecita hacia la derecha y observó que tampoco había ningún rastro de luz entrando por donde debería estar la puerta.

-Es la hora – pensó para sí.

                Cogiendo sus manitas a la cadena que sustentaba uno de los chupetes del pequeño, empezó a descender por ella hasta que fue capaz de apoyar el piedecito encima del cambiador. Ya había dejado atrás la estantería donde descansaba la mayor parte del día y donde permanecían, sin moverse, el resto de los muñecos que adornaban una parte de aquella entrañable estancia, la habitación del peque.  Una vez que fue capaz de acomodarse a la oscuridad que lo envolvía todo, empezó a ver las siluetas de las cosas que le rodeaban; la puerta de la habitación, la cama, el armario, las estanterías y la mecedora podían imaginarse gracias a la suave claridad que envolvía la estancia y que provenía del ventanal del rellano que le separaba de la habitación donde, plácidamente, descansaba su pequeño amiguito.

Ahora venía el tramo difícil puesto que tenía que saltar sobre la mecedora de IKEA. Respiró hondo, muy hondo. Cogió la necesaria carrerilla para salvar la distancia que le separaba y cayó encima del cojín colocado estratégicamente.  Volvió a respirar hondo. Como si de un tobogán se tratase, descendió por una de las patas de la mecedora y se encontró, de pronto sobre la tarima de madera.

                Cada noche, prácticamente a la misma hora, se repetía el ritual. Esperaba pensativo, sentado en el suelo, un ratito hasta que comprobaba que nadie había notado que estaba “despierto”. Todo seguía inmerso en la calma de la noche. El silencio era tan profundo que no lo interrumpía nada, ni nadie.  Se incorporó despacio, muy despacio hasta que fue capaz de apoyar sus dos patitas en el suelo.  Se dirigió hacia la puerta. Atravesó el umbral y se encontró en el rellano. De frente, la habitación donde debía ir.  La puerta entreabierta permitía entrar sin necesidad de moverla, lo que seguramente le hubiera descubierto alguna vez. Sorteó la hoja de la puerta a la derecha y la cómoda situada a la izquierda y se encontró en medio de la gran habitación.  El respirar fuerte, casi ronco, del padre de Sacul le asustó como cada noche.  No era capaz de acostumbrarse.  Aquí siempre hacía otra pequeña parada para comprobar que nadie había intuido su presencia.  Bordeó la cama, dejándola a su derecha y se encontró junto a la pata trasera derecha de la gran cuna blanca.  Con la habilidad que le permitía su pequeño tamaño, escaló la pata sin dificultad y se sentó sobre el edredón que cubría la cama.  Podía adivinar el bulto del cuerpo del pequeño.  Una sonrisa cómplice apareció en su carita.  Estaba, otra vez, allí, como cada noche.

                Gateó, como cuando un niño empieza a dar sus primeros pasitos, con el culillo en pompa, sorteando el cuerpo del niñito, para no despertarlo.  Bordeó la mantita con forma de perrito, la estrella naranja e incluso el rulito redondito, cosido por la tita Airam, para que no pudiera darse la vuelta mientras dormía.  Ya podía escuchar la respiración del pequeño y su corazón empezó a acelerarse al estar tan cerca.  Con mucha suavidad intentó introducirse debajo del edredón, pero algo inquietó a Sacul que se movió y emitió un suspiro profundo que no llegó a ser llanto.  Sabía que en poquísimo tiempo aparecería la mano de la madre buscando el chupe para tranquilizar al peque.  No podía perder tiempo y se apresuró a zambullirse entre las sabanitas.  Justo en el momento en que se acurrucó, la mano, movida por el cerebro dormido de la mama, buscó a oscuras el chupe y lo introdujo, magistralmente, en la boca del pequeño.  Se movió éste, justo para tranquilizar a la madre que continuaba con su descanso, despreocupada de aquel pequeño ser que usurpaba la cuna.  Mientras tanto, el padre, ajeno a cualquier movimiento, repasaba mentalmente, una y mil veces, la película de su vida.

                Introdujo su manita entre la de su amiguito y el pijama azul que llevaba esta noche.  Acercó su cabeza al pechito.  Sintió el palpitar tranquilo de su corazón y sus pulsaciones se sincronizaron. Cerró sus ojitos y se durmió, acurrucado, tranquilo, calentito y sobre todo, feliz.

                La música del despertador del móvil del padre de Sacul, comenzó a destruir el silencio.  Sabía que en pocos minutos el padre se metería en el cuarto de baño para ducharse, como cada mañana.  Era la señal para volver a su sitio en la estantería.  Cuando el padre saliera de la ducha, encendería la luz, buscaría con la mirada la cuna y se acercaría a susurrar al oído de su peque “SACUL cariño, llegó la hora del reloj Certina”.  Luego le daría un sonoro beso que obligaría a su madre a levantarse rápido de la cama diciendo, como cada mañana “Que tarde, que tarde, cada día nos levantamos más tarde.  Todos los días llego tarde al trabajo”.

                Pero para entonces, el pequeño oso azul estaría camino de la habitación donde luego vestirían a Sacul y nadie se habría percatado que, otra noche más, ambos habrían dormido juntos.

                Sin embargo aquella mañana la mamá y el papá de Sacul, le cantaron juntos “Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseamos todos, cumpleaños feliz”

                Porque era su primer cumpleaños en familia.

                Y el pequeño oso azul sonrió justo cuando cerraba sus ojitos en la estantería donde pasaba la mayor parte del día.
 
 
 
 

 

jueves, 25 de abril de 2013

Aragonés, de pura cepa

  Cuando todavía me pregunto por qué no he sacado el tiempo suficiente para escribir algo sobre el proceso de Independencia Catalana, encabezado por el obstinado Arturo (Artur en catalán) y seguido por una increíble masa de ciudadanos catalanes, recibo, perplejo, vía Facebook infinidad de información sobre el día de San Jorge, festivo en Aragón al ser su Patrón, en la que incluso, algunos, lo identifican con el Día Nacional de Aragón (23 d´abril Dia Nazional d´Aragón) y ya entonces es cuando a uno empieza a hervírsele la sangre. 
 
   Entiendo que pueda haber gente que necesite identificarse con un movimiento regionalista, que no nacionalista, para cubrir sus expectativas políticas, pero igualmente, muchos no lo necesitamos porque entendemos, y defendemos, que la Nación que nos aglutina es una, España, y no hablo de aquello de una, grande y libre, ni mucho menos, los que me conocen bien, saben que todo lo contrario.  Pero no sé si coincidirán conmigo en que no puede ser que me sienta un ciudadano de Segunda Clase, simplemente porque no entienda cómo se puede pedir la Independencia de un puñado de tierra o porque no comprenda cómo se pretende dialogar con una lengua que no entiende casi nadie.  Porque, además, es que no quiero que mis hijos sean educados en ese dialecto, ni tampoco que en las Instituciones Oficiales sea obligatorio el uso de ese idioma, ni tan siquiera que al dirigirse a mí la cajera del super, las personas que me acompañan de otros lugares del mimo Estado, no entiendan que me está dando, amablemente, los buenos días en otra lengua. No sé si es una lengua, un dialecto o un idioma, reconozco mi ignorancia en el tema y no lo digo con orgullo, es que simplemente me la "repampumfla", permítanme la expresión. Estoy orgulloso de ser Español y de hablar en Castellano y no tengo ninguna necesidad de hablar de otra forma, ni por supuesto de exigir que todos hablen como yo predico. Y no por eso dejo de ser Aragonés o lo soy en menor cuantía.

     Un día, como tantos, cayó en mis manos un texto en el que se decía que "Creer que ser ateo te hace inteligente e interesante, es como creer que ser religioso te hace buena persona".  Hoy me permito el lujo de apuntar una variante al afirmar que creer que hablar Fabla te hace de izquierdas, es tan absurdo como creer que por hablar Castellano eres de derechas, porque ya decía Ortega y Gasset que "ser de izquierdas es como ser de derechas, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de hemiplejía moral".

     No comparto, por supuesto, ese afán de dividirlo todo en partes más pequeñas, porque además, diariamente, se está demostrando la ineficiencia de las Autonomías, gérmenes de la disgregación, que tanto bien nos iban a traer y cuyos resultados estamos pagando irremediablemente.  Buscamos raíces profundas que nos permitan subdividirnos y buceamos en nuestro pasado tratando de encontrar aquello que un día nos diferenció. Y lejos de comprender nuestros propios errores, seguimos invirtiendo en hallar aquello que nos hace únicos e irrepetibles. Quizás el haber vivido en tantos sitios geográficamente tan dispares y de haber compartido momentos inigualables con gentes de toda España, me haya fraguado la mentalidad universalista que tengo. Y me niego a circunscribirme en un lugar determinado. Soy Aragonés, de pura cepa, ExtreMaño de adopción al acogerme en Extremadura con el cariño con el que lo han hecho, Español por los cuatro costados y sobre todo, ciudadano, como decía aquél, de un lugar llamado MUNDO.