jueves, 30 de abril de 2015

Corazón & Cerebro

    Reconozco que vivo inmerso en un permanente conflicto conmigo mismo. Y como siempre he sido un cobarde, prefiero dejar pasar el tiempo, no hacerme preguntas para las que no tengo una respuesta inmediata y no buscar soluciones para aquellos conflictos que me acompañan. Entre otras muchas cosas, porque no repercutirían solo en mi, y aunque yo piense que soy el "dueño" de mi propia vida, no lo soy de aquellas personas que me rodean. Afortunadamente para ellos.
 
   
  El eterno conflicto entre el corazón y el cerebro, entre el sentimiento y la razón, entre la locura y el raciocinio, entre el querer y el poder. 
 
   Alguna que otra vez he pensado qué hubiera sido de mi vida si le hubiera hecho más caso a mi cerebro y menos a mi corazón. A buen seguro que todo hubiera sido completamente diferente, pero también me consuela pensar que no hubiera sido nunca yo. O si, quién puede saberlo.
 
   Recuerdo con nostalgia como mi madre siempre soñó, al nacer yo varón, con que algún día sería designado Arzobispo de Zaragoza. Pobre mujer, evidentemente, murió sin ver cumplida su ilusión. Imagino que sería para escuchar mi nombre todos los Domingos en misa. Y sentirse tremendamente orgullosa de mí, su ojito derecho. Consiguió, no sin grandes esfuerzos, que fuera monaguillo, como casi todos los niños en una etapa turbia de su infancia. Y a partir de entonces, la Religión por un lado y yo por el contrario. Ayudó a mi distanciamiento con la Santa Madre Iglesia, enormemente, que el Obispo de Valencia, estudiando yo por aquel entonces en la Universidad Laboral de Cheste,  cancelara nuestra ceremonia de Confirmación al tener otro compromiso ineludible, demostrándonos el especial interés que tenía por acogernos en su seno. Nunca más volvimos a saber ni nosotros de él, ni él de muchos de nosotros. Volvimos a encontrarnos, la Religión y yo, cuando le brindé a la mujer más importante de mi vida, mi madre, el día de mi primer matrimonio, casándome por la Iglesia Católica Apostólica y Romana. Y ese fue el adiós definitivo. Con el apoyo de sus respectivas madres, ninguno de mis tres hijos han sido bautizados y serán ellos quienes decidirán, cuando lo estimen oportuno, si quieren formar parte, o no, de alguna Congregación. Evidentemente, ante mi segundo matrimonio, la propia Iglesia se encargó de recordarme, por si acaso, que "pecadores" reincidentes como yo no éramos bien recibidos. Salvo, claro, que pudiéramos poner un buen fajo de euros encima de la mesa. Que no era mi caso, por supuesto.

   Los que me conocen, saben que me sale un "peculiar sarpullido" cuando estoy mucho tiempo en Lugar Sagrado. Y ese molesto sarpullido también irrumpe en mi piel, cuando acudo a los Servicios Centrales de mi querido Servicio Extremeño de Salud. Curioso. Ahora, con el Partido Popular y su Gobierno de Extremadura y antes, con el Partido Socialista y su Junta. Paradójico. En muchas ocasiones he tratado que mi amigo Juanjo, Microbiólogo en el Hospital donde trabajo, venga conmigo a tomar muestras del ambiente que envuelve aquella maravillosa cúpula del saber, para realizar un minucioso cultivo y determinar si pululan por allí ciertos "bichitos", pero siempre ha declinado, correctamente, mi invitación. Quizás, él también tenga miedo a descubrir que sea cierta mi teoría y se confirme mi suposición que cuando uno se acostumbra a "vivir" en ese Sacro Lugar, pierde la noción del tiempo y del espacio, olvidándose de cuanto hubiera podido aprender, si de allí viniera, en las Áreas en las que se dividió la Sanidad Extremeña. Es lo que yo vengo a denominar "idiotizarse", sin ánimo alguno de ofender a nadie. Qué fácil es sentirte allí el Rey y hacernos sentir, a los que vivimos fuera, los prescindibles. Nosotros sin ellos, no somos nada. Cuánto y qué bueno. Si los "coletas de Podéis" quisieran devolvernos nuestro maltrecho INSALUD, cuanto ganaríamos todos. Soy de los que piensan que la Sanidad, la Educación y la Justicia, al menos, nunca debieron pasar a estos Reinos Autonómicos que con tanto daño nos han vilipendiado a los Empleados Públicos.
 
 Cuando ya he desobedecido, conscientemente, a dos de las tres premisas en las que se subdivide una de mis directrices fundamentales que me aconseja que "de Religión, de Toros y de mis Jefes, yo no hable nunca en público", solo me resta hablar del mundo taurino. Que cada cual opine lo que estime oportuno. Yo, parafraseando a mi admirado Joaquin Sabina, "soy informático por cobardía, lo que me hubiera gustado es ser torero", pero un novillo con mucho encaste y no menos trapío truncó mi vocación de cuajo y casi, incluso, mi integridad física, de no mediar en el trance mi paisano José Martos, alias el "si me lo fueras dicho", al que nunca seré capaz de agradecerle, suficientemente, que me apartara de aquellos impresionantes pitones. No sé explicar muy bien el porqué, o si realmente necesito explicárselo a alguien, pero lo cierto y verdadero es que me gustan los toros. Enmudezco cuando el "maestro" hace la estatua delante de un morlaco de casi quinientos kilos o me emociona observar una buena verónica, una perfecta chicuelina, o incluso una vistosa gaonera, todas ellas con el capote, sin olvidarme de una buena tanda de muletazos al natural rematados con un magnifico pase de pecho. Y sí, lo reconozco, también me encabronan, y mucho,  porque no decirlo, aquellos "espadas" que no son capaces de matar al  toro con la dignidad con la que ha vivido desde que nació en el campo, o aquellos banderilleros, picadores y demás miembros de la cuadrilla a los que mejor les hubiera sonreído la vida recogiendo fruta o plantando tomates. Que de todo hay en la viña del Señor.

 Si hiciera caso a mi cerebro, que no se lo voy a hacer, no debería publicar ni la mitad de las cosas que aquí he dejado plasmadas, pero como mi vida siempre ha estado "dirigida" por mi corazón, aquí quedan dichas. Punto final.
 
 

jueves, 26 de marzo de 2015

Un año después.

 La vida, ese don que un día habían puesto, mis queridos padres, a mis pies, había vuelto a mi vera, sin ser todavía consciente que se había ido para no volver. Y solo un golpe de suerte, el destino, un no ser mi día, o vaya Vd. a saber, me devolvieron a esta vida que me ha tocado vivir.

 Ya ha pasado un año desde aquel fatídico día en el que sufrí el accidente de tráfico y todavía sigo preguntándome cómo pude salir ileso del mismo. En ocasiones, solo cuando estoy perdido en  algún problema que para aquellos que los tienen  de verdad, lo catalogan como simple "gilipollez", miro las fotos que guardo de cómo quedo el coche que me habían "regalado" y a quién, al coche digo,  echo la mayor parte de la culpa de que yo pueda seguir escribiendo en este rinconcito, en el que se ha convertido mi blog.  Y como siempre hay varias respuestas para una misma pregunta, os cuento, si me permitís hacerlo.


Recuerdo como estando respondiendo a las preguntas de uno de los Guardias Civiles del destacamento de Tráfico de Ciudad Real, sentado frente a él en el furgón en el que se personaron con una rapidez tranquilizadora para mí, me comentaba la enorme suerte que había tenido al poder estar allí, con vida. Él, desconocedor de mis creencias, me decía que era un Milagro cómo se habían desarrollado las cosas y que podía dar gracias a Dios, por no haber sufrido más que un pequeño rasguño en mi muñeca derecha y un cortecito, sin importancia, en la parte superior de mi oreja izquierda. Me llamaba la atención que mientras charlaba conmigo, miraba y remiraba el estado del coche, como dudando de si yo había estado alguna vez dentro del mismo y me observaba como esperando que en cualquier momento perdiera el conocimiento, imaginando que ese hubiera sido el desenlace natural. Insistía en que, con su experiencia, pocos eran las personas que podían contarlo tras sufrir tan aparatoso siniestro. Después de haber rellenado cuantos formularios fueron precisos, el hombre seguía insistiendo en achacar a la Providencia Divina el estado en el que me encontraba y yo que ya había podido recuperarme, un poco, del susto recibido, haciendo gala de ese humor, no sé si murciano o aragonés, no sé si Cañada o Abellán, o mezcla de los cuatro,  habiendo adquirido la confianza necesaria, olvidando un poco el respeto que siempre produce el uniforme de la Benemérita, ése que incluso nos induce, al verlo, a levantar el pie del pedal del acelerador aunque circulemos por debajo de los limites de velocidad permitida, le comenté que yo no era creyente,  ni tan siquiera simpatizante del Señor del que me hablaba, por lo que no creía, ni que supiera de mi existencia, ni que hubiera desatendido todas sus múltiples obligaciones para devolverme, a mi,  a la vida . Más bien, proseguí, podía imputarlo a que mis dos ex mujeres, al unísono, habían advertido que iban a perder el "donativo" mensual con el que participo en sus gastos y en los de mis tres hijos y, por primera vez, sus espíritus, que me acompañan allá donde vaya, habían sumado no pocos esfuerzos para lograr impedir que los hubiera dejado huérfanos, a los cinco, aquella fría mañana ciudadrealeña del 27 de Marzo de 2014. Ni que decir tiene, la enorme carcajada que aquel comentario provocó en aquel buen hombre que con tanta amabilidad me trató y a quien estaré agradecido por y para siempre.
 
 Me vienen, igualmente, a la memoria las palabras del camionero que me auxilió en los primeros momentos, llegado al lugar de los hechos cuando yo ya había salido del coche, que me dijo que era una suerte que yo hubiera salido despedido del coche porque de haberme quedado dentro, viendo el estado en el que había quedado el vehículo y la altura que yo tenía, ciento ochenta y cuatro centímetros, hubiera muerto con total seguridad. Sin contemplaciones. Podéis imaginar la cara de sorpresa cuando le comenté que no era así, que yo acababa de salir, ileso, de ese amasijo de hierros en el que se había convertido mi coche, mi querido Citroën C5 Tourer, después de haber abierto, sin problema, la puerta que me separaba del exterior. Con su móvil, que gentilmente me prestó, marque el número de mi línea de teléfono móvil para determinar dónde se encontraba mi fiel compañero y cuando escuchamos la vibración del mismo, porque el único daño que sufrió, mi móvil, fue el de activarse el modo silencio de forma automática, traté, ingenuo, de entrar en el habitáculo por el mismo sitio por donde había salido y comprendí, perplejo, que era materialmente imposible hacerlo, sin atreverme a preguntarme cómo había sido capaz de salir momentos antes. Un escalofrió me recorrió y comencé a sentir un intenso frio. Cuando traté de buscar la cazadora de cuero que llevaba en el asiento de atrás, comprobé que no había nada, absolutamente nada, ni en los asientos, ni en maletero. Todo mi equipaje había salido despedido a cada vuelta de campana. Tan solo la sillita de Lucas permanecía anclada en su sitio, como si nada hubiera acontecido. Y en ese momento la carita de mi peque y la de sus dos hermanos, me vinieron a la mente. Suerte que viajaba solo. Incluso un enorme bote de cristal con turmas en vinagre que mi hermana me había preparado, se había roto y una gran cantidad de  cristales, tanto del bote como los de las puertas, mezclados con las turmas, estaban desparramadas por todos los alrededores, junto a mi maleta, mi mochila con la ropa de correr y cuantos enseres llevaba en el interior del vehículo. Éstas, las turmas, fueron objeto de curiosa admiración por parte de cuantas personas se personaron allí, ya que no es un producto conocido por aquellas lindes. El desinteresado camionero encontró mi cazadora encima de una retama a unos pocos de metros detrás de donde se detuvo el vuelco del vehículo. Y me la puse tratando de calmar la temblina que tenía, sin saber si era fruto del frio en sí o de la sensación de la realidad de lo que estaba viviendo en primera persona. El espectáculo era cuanto menos dantesco.

 Aunque me animaban a que abandonara el lugar del accidente para dirigirme al Centro de Salud donde se aseguraron que, milagrosamente, no tenía daño alguno, quise permanecer allí hasta que la grúa se hubiera llevado completamente mi coche. Cuando arrastrado por el cable que tiraba de él, fue subiendo, no sin dificultad al estar los neumáticos destrozados, por la rampa, me acerqué a la matricula trasera, la acaricié con mi mano derecha y le dediqué un profundo "gracias Campeón", que aún hoy, un año después, todavía humedece mis ojos. El Guardia Civil, que permaneció en todo momento a mi lado, escuchó lo que yo le había "dicho" a mi coche, esbozó una leve sonrisa y me invitó a que le acompañara hasta el taxi. En ese caminar descubrí que debajo del coche había quedado mi inseparable iPad y que al mover el vehículo, había quedado al descubierto, completamente destrozado. Lo recogí, le limpié con mis manos la tierra que envolvía la funda con el que lo protegía y poniéndolo debajo de mi brazo, me subí en el vehículo que me trasladó hasta el Centro Asistencial, primero, y luego hasta mi domicilio emeritense.

 Y esa sucesión de acontecimientos se vuelve a reproducir mentalmente cada vez que paso por ese lugar. Tomo la curva a la derecha, el coche se orilla demasiado hacia la cuneta, golpe de volante a la izquierda para no salir despedido y brutal choque frontal contra un desagüe de hormigón que permite canalizar las aguas que bajan de la montaña. A partir de ese momento, vueltas y vueltas de campana y en cada una de ellas, la terrible sensación de estar perdiendo mi más preciado bien, la vida. Un año después.

viernes, 13 de marzo de 2015

La tela de araña






No sé, cómo alcanzarte,
ni sé, cómo reemplazarte.
No sé, cómo rodearte,
ni sé, cómo ladearte.
No sé, cómo conseguirte,
ni sé, cómo dejarte.
No sé, cómo amarte,
ni sé, cómo aborrecerte.
 
 
No sé, cómo añorarte,
ni sé, cómo olvidarte.
No sé, cómo acariciarte,
ni sé, cómo separarte.
No sé, cómo recibirte,
ni sé, cómo despedirte.



lunes, 5 de enero de 2015

Allí, en el Cielo.


     Recuerdo, con una amplia sonrisa, ahora que ya no volveremos a vernos, cómo la primera vez que me separé, ensimismado yo en mis cosas, viniste a mí, valiente, directa y majestuosa, en tu línea, para "ofrecerte" en todo aquello en lo que yo pudiera necesitarte. Y como no sabías si me había quedado claro, me repetiste, "para todo, Albino, para todo, como si quieres que nos demos ese revolcón que me gustaría darme contigo". Como si nada, con dos ovarios vamos, a lo Isabel Andrades. Y pasado el tiempo, cuando uno evalúa quién está entre esos que muchos denominan amigos, resulta que te cuento entre ellos, porque pocas personas me demostraron tanto apoyo en momentos tan críticos. En mi debe, quedará, siempre, el no haber tenido el valor suficiente para enfrentarme al reto que me planteabas.

 
Más allá de anécdotas de esta índole, que a nadie que te conociera puede ocasionarle rubor alguno, hoy quiero despedirme de ti, como mereces. Los que te queríamos, muchos más de los que tus enemigos piensan, estamos felices porque has dejado de sufrir. Y para alguien de tu carácter, verte postrada a esa vida que la enfermedad te había abocado, no podía menos que sumirte en la profunda resignación en la que te encontrabas. Tuviste hasta el final, a tu lado, a tu fiel Pedro, ese bonachón al que queremos casi tanto como te quisimos a ti. Y te trató, hasta el último día, como la Reina que eras para él. Fuiste, en vida, el ciclón que "acosaba" sin pudor a todos los muchachitos que entraban, o entramos en su día, en tu espacio vital. Fuiste, en vida, la compañera que siempre se desvivió por ayudar a cuantos estábamos a tu lado. Fuiste, en vida, la fortaleza que hacía falta para mover cientos de Historias Clínicas. Fuiste, en vida, la alegría de una sonrisa siempre para recibirnos. Fuiste, en vida, la "mula" de cuanta carga quisieron echarte encima de tu escritorio. Fuiste, en vida, la paciencia con la que tratar a superiores "tiquismiquis". Fuiste, en vida, el "alma"  de las Fiestas que se organizaron. Fuiste, en vida, una valerosa mujer que no se arrugaba, jamás, ante la mirada lujuriosa de un hombre. Faltaría más.

   Y ahora que te has ido, ahora que los del Cielo, ingenuos, se te han llevado de aquí, van a conocer, allí, quién eres realmente. No tardarás mucho en revolucionar ese casto lugar en el que, seguro, te encuentras. Hasta el mismísimo diablo hubiera dado lo que fuera por tenerte entre sus garras. Que se preparen allí, en el Cielo, porque ha llegado Isabel Andrades. Casi nada.

   Descansa en paz, compañera.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Los Cañada

   La muerte de mi tío Ángel  me ha hecho "bucear" un poco en aquellos orígenes albaceteños de mi padre, murciano él toda la vida, castellano manchego ahora, con la eliminación de la provincia de Albacete de la Región de Murcia. Cuatro hermanos, Josefina, Matías, mi padre Albino y Ángel, el más chico, nacidos del matrimonio de mis abuelos Pedro García y Visitación Cañada; los dos mayores en Andorra, sí, la de Teruel y los otros dos en Nerpio, Albacete.

   Mi abuela Visita, separada de mi abuelo Pedro, se volvió a casar con otro hombre, Ginés, con quién tuvo otros cuatro hijos, Isabel, Ginés, Pepe y  Ana, todos ellos Cañada de segundo apellido igualmente y hermanos de mi padre y, lógicamente, de mis tíos de siempre, los de aquí. Nunca supe el motivo de tal separación y nunca he querido entrar en ella. Quizás demasiado influenciado por los comentarios de la buena de mi abuela materna, para quien era difícil justificar que una mujer volviera a rehacer su vida, nunca le tuve a mi abuela Visita el cariño que debí de tenerle y nunca recibí de ella el cariño que debió darme, pero hay que entender, después de muchos años y muchas vivencias, entre ellas dos separaciones, que siempre hay una segunda opinión que escuchar y siempre hay verdades a medias. Ni soy yo, indudablemente, tan buena persona como yo proclamo, ni tan mala como afirman, o afirmaban, las dos madres de mis tres hijos. Y en aquella época, que alguien sufra el abandono de su marido y se vea obligada a rehacer su vida con otra persona, seguro que no fue un plato de buen gusto para ella. Si algo me humilla como persona es que nunca he sido capaz de pedirle perdón a mi padre por cómo me comporté con su madre, mi abuela. Incluso cuando murió.
 

 
   La separación de mis abuelos paternos produjo un tormentoso deambular de los cuatro hermanos, mis tíos de siempre, los de aquí. Mi tía Josefina y mi tío Matías, por un Orfanato de Albacete, donde comienza mi tía sus estudios de Magisterio, que terminará, años después, en Vitoria, lugar donde un tío de mi padre, Albino de nombre como yo, dirigió la Academia ALM tras compartir celda con el dueño en la cárcel zaragozana de Torrero, por militar en el bando republicano durante la Guerra Civil Española. Mi tío Ángel y mi padre, por Turrilla, aldea situada junto a Nerpio y por el Campo de San Juan, lugar donde mi tío Ángel permaneció, incluso, cuando mi padre viajara a Andorra, años después, "reclamado" por mi bisabuela adoptiva María Rosa, casada en segundas nupcias con mi bisabuelo Albino, origen de esta historia familiar, al quedarse viudo de su primera esposa, Josefa, madre de mi abuela Visita. Junto a su madre, los tíos de mi padre, el ya mencionado Albino y los mellizos, Ángel, el del Estanco y Angelina, maestra en el Colegio de la Calvo Sotelo, perfectamente integrados en la vida de la Muy Noble Villa. Al final, pasados los años, se juntarán los cuatro hermanos, en Andorra, donde residirán todos, hasta que mi tía Josefina, casada  con Venancio, un apuesto y fornido Facultativo de Minas vasco, fija su residencia en Teruel Capital, al aprobar éste un puesto en la Jefatura Provincial de Minas. Siempre tuvo mi tía Josefina un glamour y un saber estar exquisito, refinada educación aprendida, que ya lo quisiera para ella la mismísima Carmen Lomana. Desgraciadamente, nada sé de la suerte que corrieron los otros cuatro hermanos, Isabel, Ginés, Pepe y Ana, en aquellos años, aunque no es difícil imaginar la infinidad de penurias por las que, igualmente, debieron pasar. Animo a cualquiera de mis primos hermanos a que nos relaten cuanto sepan, para así conocer mucho mejor lo que somos.

  Quizás el trato durísimo que la vida tuvo con ellos, quién sabe, los llevo a forjarse el carácter que han tenido y nunca supieron, o quisieron, trasmitirnos el cariño que debimos haber tenido por nuestra familia, los Cañada. Incluso, hablo en primera persona, nunca sentí ni a mis tíos, ni a mis primos hermanos, tan cercanos como hoy los siento. Y ese sentimiento hay que "mamarlo desde chiquinino", como decimos aquí en Extremadura. Y nunca lo sentí. Al menos yo. Siempre fueron mis tíos, es cierto, siempre fueron mis primos hermanos, pero sin más. Ha habido acercamientos y distanciamientos. Momentos críticos que nos han unido y periodos de relajación, que nos han  distanciado. Eso referido a mis tíos de siempre, los de aquí. Con los demás hermanos, para qué contaros. Algunos, desgraciadamente, sólo los he conocido puntualmente, como a mi tía Isabel, ya fallecida, en la boda de mi hermana María Pilar y otros ha sido de forma testimonial, como a mi tío Pepe, al que seguramente no volveré a ver nunca más. Como decía mi tía Ana en la "despedida" de mi tío Ángel, el miércoles de la semana pasada, 19 de Noviembre de 2014, nunca hemos tenido problemas entre nosotros, sólo que nunca nos hemos tratado. Ahí es nada. Y aún así, no sé si por aquello de la "llamada" de la sangre, o porque me estoy haciendo mayor, casi sin darme cuenta, compruebo el mismo día que lo conozco, que el único hermano soltero de mi padre, mi tío Pepe, que sigue viviendo en Nerpio, hace los mismos gestos que mi padre y que mi tío Ángel, cuestión de genética pura y que los días de Agosto de aquel 2013 en los que compartí, junto a mi "tata", con mis primas hermanas María José y Angelines por tierras murcianas de Caravaca de la Cruz, fueron el preludio de una relación que no vamos a dejar disiparse, nunca más. Cueste lo que cueste. La cara de satisfacción de mi padre y de mi tío Ángel al llegar a Nerpio, su pueblo, con parte de sus hijos, no se borrará de mi memoria jamás y escuchar a mi tío Ángel señalarnos  los cabezos por los que había corrido de pequeño para saciar un hambre que le dio ese carácter luchador, que no abandonó ni cuando se debatía entre la vida y la muerte en la UCI del Hospital Provincial de Zaragoza, fue la consagración del reencuentro que surgió tiempo atrás en las Redes Sociales de Facebook. Conocer, en ese mismo "viaje a nuestros orígenes", a mi primo hermano José Luis en Cartagena, donde vive, y saber que es, junto a sus hermanos Patricio y María José, los descendientes de la hermana Isabel de mi padre, todos de la saga de los Cañada, me animó a pensar que quizás podríamos promover algún encuentro multitudinario de primos hermanos, donde poder compartir curiosidades como que sean de la misma edad la hija mayor de mi tía Josefina, la de Teruel, mi madrina y mi prima hermana Begoña y mi tía Ana, hermana de su madre, o que la camarera del restaurante de Nerpio pensara que mi tío Pepe, el soltero, no tenía familia, ¡¡ pues anda que si llega a tenerla !!. Anécdotas como que me encuentro, sorprendentemente, con mi primo hermano Salvador, hijo de mi tía Ana, haciendo ambos la mili en el Cuartel de San Gregorio en Zaragoza. Conocer que murió, hace un montón de años, un primo hermano mío, Venancio Alberto, cuyos restos descansan en el Camposanto de Andorra. Similitudes sorprendentes ya que mi abuela Visita y sus hermanos, Albino, Ángel y Angelina, solo lo son de padre, al igual que mi padre y sus hermanos, mis tíos de siempre, los de aquí , son, con los que no son los de aquí, hermanos solo de madre. Perplejidad, la mía, al comprobar que el origen de esta historia, mi bisabuelo Albino Cañada, el Veterinario, procedía de Mosqueruela, municipio de la provincia de Teruel y que todos, incluida mi abuela Visita, también eran Turolenses. Fue mi abuelo Pedro, albaceteño él, quién viajó junto a su madre Concha, "maestraescuela" (todo junto) como decían antes, hasta Andorra para ejercer su labor docente. Y yo pensando que todos eran murcianos.


   A mi Familia, los Cañada, quiero dedicar estas líneas. A mis tíos de siempre, los de aquí, y a los que no son de aquí. A todos mis primos hermanos, veinte, de una familia peculiar y singular donde los haya. Quizás ahora alguien encuentre similitud con la familia que yo he "creado" y halle explicaciones familiares para justificar como yo, con cuarenta y nueve años, tengo tres hijos de dos matrimonios "fallidos" y estoy, de nuevo, soltero y en el mercado, como dice la hija mayor de mi tío Matías, mi prima hermana Visita, con quién comparto tantas charradas como puedo, saboreando, eso sí, en la calle peatonal de mi añorado pueblo, cuantas cervezas nos permiten nuestros innumerables compromisos sociales.

   Y en especial quiero dedicárselas a mi tío Ángel, tristemente fallecido recientemente, el del Cine Tivoli, el del "Chispitas", ese seiscientos con el que tanto ha circulado por Andorra y que con tanto orgullo lo conducía, fruto de un amor pasional que sentía por él.  Quiero pensar que estés donde estés, seguirás luchando por conseguir que no haya ni un solo niño que pase hambre a tu lado.  Como me dijo tu mujer, mi tía María, "ahora que estabais los tres hermanos más unidos que nunca", te has ido para siempre. Descansa en Paz.
   Gracias tío, de corazón, por hacer que me sienta, por fin, orgulloso de formar parte de nuestra familia, los Cañada.


miércoles, 5 de noviembre de 2014

La Eterna Juventud.

   El mismo día en que sale a la luz el Informe del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en el que se afirma que la mayor preocupación de los Españoles es el Paro, con un 76% de los votos, seguido de la Corrupción, con un 42,3%, desbancando otras muchas preocupaciones, curiosamente, los Supermercados Lidl anuncian a bombo y platillo la reposición, una vez más, de su maravillosa Crema Antiarrugas CIEN Q10. Y os preguntareis qué tiene que ver una cosa con otra. Me explicaré.
 
  El citado Supermercado, cuyo nombre no me importa repetir puesto que no tengo exclusividad alguna y puedo publicitar en mis escritos a quien desee, vendió el pasado mes de Julio, en pocas horas, las unidades que comercializaba en todo un año antes que su producto fuera lanzado al estrellado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), en un informe que emitió antes del verano, basado en un estudio que realizaron sobre 995 mujeres (y sólo mujeres, como si los varones no envejeciéramos) de entre 31 y 70 años. A partir de este momento, los laboratorios alemanes encargados de su fabricación, Win Cosmetic creo que se llaman, no son capaces de fabricar todos los botes que los usuarios demandamos y cada vez que se rellenan las estanterías, cientos de miles de personas se los "arrebatan", literalmente, de las manos. Entre otras cosas porque su precio, 2.99€ es, infinitamente, más barato que el de sus competidoras (Eucerin, L´Oreal o Nivea, entre otras).
 
¿Qué dónde quiero llevaros?, pues a que reflexionéis conmigo para afirmar que no decimos toda la verdad en las encuestas que baraja el CIS. La mayor preocupación  de los Españoles es, sin duda, por encima del Paro o de la Corrupción, la vejez o el envejecimiento, mejor dicho. Y como muestra, un bote. Lo que más nos preocupa a los Españoles es hacernos con la dichosa cremita antiarrugas. Pero nos avergüenza reconocerlo públicamente.
 
 En cuanto a la intención de voto, algo mucho más secundario claro está, según el mismo informe, parece ser que Podemos de Pablo Iglesias, se perfila como la primera fuerza política en cuanto a intención directa de voto y como tercera en estimación de voto, después de PP y PSOE, respectivamente, y seguido por IU, UPyD y Ciudadanos de Alberto Rivera.  Las proyecciones del CIS son desfavorables a Podemos, que siendo la formación más deseada en este momento, tiene que relegarse a "bailar con la más fea" en una tercera posición. Como en muchos municipios, vaya, donde se "funden" partidos dispares para que no gobierne el más votado.
 
  Por cierto, la crema CIEN Q10 obtuvo una valoración de 64 puntos, muy lejos de los 100  posibles, que obtendría el Pacto con el Diablo, la eterna juventud que todos demandamos. Y aún así, fijaros la que se lía cada vez que se anuncia su reposición. Si hubiera obtenido la máxima puntuación, haríamos nuestras las palabras de la "Princesa del Pueblo", la Belén Esteban, y exclamaríamos: "Yo, por mi crema, MAAAAATO".
 
 Un servidor de Vds., de Ciudadanos, que dicho sea de paso, ahora que no nos escucha nadie, me inspiran mucha más credibilidad, con todos mis respetos, que los Podemos, mañana mismo haría lo imposible  por aparecer en un Estudio de la OCU, que es quién realmente manda en este País nuestro de cada día. ¡¡ Eso si, que sea de forma favorable, que sino la jodemos Tía Paca!!.

viernes, 10 de octubre de 2014

Cuando los muertos eran sólo de allí, de Africa

  Vaya por delante de mi reflexión de hoy, el más sincero de mis agradecimientos para todas aquellas personas que anteponen el desempeño de sus responsabilidades, profesionales o no, a su propia vida. A por todas, Teresa!!.
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  Ahora que todo el personal habla sobre el ébola, me gustaría hacer un llamamiento a la calma, a la serenidad, o a la perplejidad, llamarlo como queráis, porque, desgraciadamente, "nadie se acuerda de Santa Bárbara, hasta que truena". Todos somos capaces de frivolizar sobre el tema y son muy pocos los que hablan con conocimiento de causa, aunque haberlos, afortunadamente, haylos, como las Meigas gallegas. Todos hemos escuchado los despropósitos de nuestros ilustres dirigentes, hemos recibido chistosos WhatsApp, que no me hacen ni puta gracia, por cierto, o hemos escuchado las imbecilidades de nuestros vecinos, que opinan de todo de lo que no deberían hablar. Ahora que la Selección de Fútbol está de capa caída, es el tema de conversación preferida de los taxistas para cubrir esas silenciosas carreras. Se habla más del ébola, que del tiempo, tema recurrente, donde los hubiera o hubiese, cuando uno no sabía de qué hablar con el que tenía enfrente. Pero somos así, ¡que le vamos a hacer!.
 
  
  Cuando los muertos, porque no olvidemos que las personas se mueren de esta epidemia, eran "pobres negritos" de allí, de África, a nadie se le ocurría preocuparse por ellos. Teníamos demasiado problemas nosotros aquí. Incluso tuvimos la osadía, permitidme la licencia, de desafiar al destino, repatriando a cuantos españoles habían sido contagiados por el terrible virus. Para curarlos, claro. Y nadie, absolutamente nadie, se preocupaba si morían cientos de personas allí, en África. Ni que decir tiene de lo que nos importaba cuantos animales morían al mismo tiempo que sus dueños. Pero "el tiro nos sale por la culata" y pasamos de ser cazadores, a ser cazados por el ébola. Desgraciadamente se produce el primer contagio en nuestro territorio. Y todo se descontextualiza.
 
  Aparecen cientos de indignados que se niegan a que sea sacrificado el perro de la pobre Teresa. Y seguramente tengan razón, pero yo no los he visto en ningún acto solicitando la solidaridad y ayuda humanitaria cuando los muertos eran sólo de allí, de África. Hay quien se atreve a afirmar en público, con dos cojones vamos, que está protestando porque su perro es "amigo" de Excalibur, que es como se llama el perro que quieren sacrificar. Que ambos, los canes, jugaban juntos en el parque que hay cerca de su casa. Y es que yo, con todos los respetos, esas estupideces solo las digo en mi casa, en mi intimidad más profunda, sin que nadie me escuche y sin que nadie compruebe, empíricamente, que cualquier perro es mas inteligente que yo, por supuesto y que el ochenta por ciento de las personas. Contrastado. Ya lo decía Pérez Reverte cuando afirmaba que "en España no cabía un tonto más". Pues estabas equivocado, Arturo. Como casi siempre.
 
 Aparecen políticos de todas las "calañas", escurriendo responsabilidades para las que fueron designados y nos dan lecciones magistrales de cómo se justifica lo injustificable. Y entonces se enciende la batalla política, aquella que lo impregna todo, aquella que lo envuelve todo, aquella que ensombrece todo, aquella que casi hace que olvidemos que Teresa de debate entre la vida y la muerte, aquella que nos permite olvidar que allí, en África, siguen muriendo cientos de personas. Y unos piden la dimisión de quienes afirman que todo ha sido porque se ha quitado mal, supuestamente, un traje especial, que según otros, no cumplía con la normativa vigente. Y aquellos, que dejen de criticar y que aporten soluciones, para que los unos no tengan que decir no se qué sobre un master. Que si yo estuviera donde tu estás. Que si tu has dicho lo que yo no he oído. Vamos, lo mismo de siempre.
 
 Y es que, con todos mis respetos, era como cuando las personas asesinadas vilmente por el atajo de terroristas que conforman la "panda" de ETA, se llamaban Pepe, Juan, Paco ó Antonia. A nadie, o a casi nadie mejor dicho, de la Sociedad Vasca parecía importarle los atentados. Todo cambió cuando además de los anteriores, en el punto de mira de los terroristas empezaron a aparecer individuos cuyos nombres eran Mikel, Antxon (según Google se escribe así), Aitor o Edurne. Sus vecinos, sin ir más lejos. Se produjo un giro de trecientos sesenta grados y empezaron a movilizarse públicamente cientos de sectores que hasta ahora habían permanecido, impunemente, en silencio.  Y el problema, que hasta entonces se había visto lejano, se afincó en su espacio más cercano, empezó a "convivir" desgraciadamente, entre ellos. Incluso se pintaron las palmas de la mano de blanco, contrastando, paradojas de la vida, con el color de la piel de la mayoría de los muertos por ébola.
 
 Quizás, quién lo sabe, el contagio de Teresa sirva para que dejemos de pensar que no es un problema nuestro, de todos; para que asimilemos que los muertos no sólo pueden ser, desgraciadamente, de allí, de África; para que comprendamos que la frivolidad con la que tratamos el tema no hace sino evidenciar nuestra ignorancia; para que asumamos que "cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar", por muy lejos que pienses que vive éste, de tí.