lunes, 23 de junio de 2014

Deseo

 
Deseo es
    palpar sin acariciarte,
    escuchar sin percibirte,
    ver sin disfrutarte,
    paladear sin saborearte,
    oler sin advertirte.

Deseo es
    acariciarte hasta enloquecer,
    percibirte hasta rejuvenecer,
    disfrutarte hasta estremecer,
    saborearte hasta agradecer,
    advertirte hasta enmudecer.
 



¡¡ Deseo VIVIRTE !!





martes, 3 de junio de 2014

Mi Línea Sucesoria

 
  A diferencia de D. Juan Carlos I, Rey de España, mi hijo Albino, sexto, también como D. Felipe de Borbón, en la línea de sucesión de "los Albinos", no está preparado para asumir, por ahora, mi abdicación. Todavía tiene por delante un importantísimo periodo de formación, del que estoy convencido, saldrá airoso. No me cabe la menor duda.
 
  Me unen, por el contrario, muchas otras cosas con nuestro rey D. Juan Carlos; curioso.
  Ambos somos padres de un valioso heredero; ambos estamos orgullosos de ellos, cada uno del suyo, por supuesto; ambos estamos ansiosos por comprobar si su educación ha sido la adecuada; ambos queremos, sin duda, lo mejor para nuestro País, España y nos sentimos orgullosos de serlo; ambos defendemos la Unidad Nacional por encima de cualquier nacionalismo extremo y radicalizado; ambos cometemos errores, de mayor o menor calibre y sabemos pedir perdón por ellos; ambos defendemos la Democracia, aunque cada día pienso que quizás esté equivocado, ya que la mejor forma de Gobierno será, quizás, la Dictadura, porque no conozco a nadie que pudiendo haber sido dictador, haya declinado su osadía y se haya convertido en demócrata; ambos mantuvimos una postura contraria a aquel Golpe de Estado del año 1981; ambos acatamos la Constitución Española, que nos ampara; ambos creemos en la Justicia Universal, que nos hace iguales ante La Ley; ambos sabemos que, actualmente,  para que sobreviviese la Monarquía en nuestro País, no tenía otra opción que la de abdicar; ambos hemos tenido el orgullo y la satisfacción de haber sido condecorados con una  Medalla al Mérito Militar; ambos tenemos la sangre de color rojo, sin duda, por mucho que se empeñen algunos en hacernos ver que la suya es de color azul; ambos perdimos los papeles ante las "infollables" oratorias del Presidente Chavez; ambos somos, cada uno en su Escala, Empleados Públicos.
 
  No tengo nada personal en contra de D. Juan Carlos y su familia, creo que han cumplido con el papel que un día la mayoría de los Españoles les encomendaron, refrendando una recién estrenada Constitución. No quiero radicalizarme en posturas intransigentes, que no me representan, en absoluto, ni me definen. Ni enarbolar banderas que jamás he tenido, ni he visto,  en mi casa. Desde esta "tribuna", mi humilde blog, solo solicito, a quién corresponda y quiera leerme, que iniciemos los trámites necesarios para reformar la Constitución y dejar de ser, si el Pueblo Soberano así lo decide, un Estado Monárquico.
 
  ¿Si yo no puedo "abdicar" en mi hijo Albino VI, heredero directo en mi línea sucesoria, cuando esté preparado para ello, ocupando el puesto que ahora ocupo en el Hospital de Mérida, manteniendo yo, eso si, intactas mis retribuciones, liberándoseme de toda Responsabilidad, por qué alguien tan cercano a mí, como mi Rey, sí puede hacerlo en el suyo?.
 
  No me voy a sentir representado por Felipe VI, al igual que nunca me he sentido con su padre, Juan Carlos I.
 
  Lo siento, hay cosas que, afortunadamente, no entenderé jamás.
 

lunes, 2 de junio de 2014

Tiempo y Espacio

El tiempo es el intervalo que transcurre entre beso y beso.




El espacio es el lugar donde poder besarte.

miércoles, 30 de abril de 2014

¡¡ Bendita Contradicción !!

El articulo que acompaño, fue mi pequeña aportación para el Extra de Cierzo de la Semana Santa de 2010. Acabada, recientemente, la del año 2014, sigue estando tan de actualidad como entonces. Y mis sentimientos siguen siendo los mismos.



              Recibo, incrédulo, la invitación de mano de mi buen amigo José Ángel de acercaros, a todos, a mi visión personal sobre la Semana Santa Andorrana y lo primero que me viene a la mente son dos instantáneas simultaneas, mi Paso y mi Bombo.
Desde que tengo uso de la razón que me acompaña, no soy capaz de recordar una sola Semana Santa sin “vestirme” en el Paso que mi Familia, los Abellanes, comparte con los Mansicos, los Barrenas, los Rodilla y los Ciriacos (pido perdón si omito, involuntariamente, alguna), “La Cofradía de Jesús atado a la columna”.  Desde aquellas primeras procesiones en las que introducíamos, como algo novedoso, los Copetes de los niños pequeños, pasando por las ocasiones en las que hemos acompañado al Santo vestida mi prima Cuca de Samaritana, hasta el momento de desfilar con nuestros hijos de la mano y de conducir la peana como exponente máximo de madurez, siempre he asistido, cuando mis compromisos laborales así me lo han permitido, a las procesiones del Jueves y del Viernes Santo.  El ambiente familiar en el que hemos crecido ha sido determinante, al igual que en el que se desenvuelven mis hijos será propicio para que sigan con la tradición de procesionar a las bellas Imágenes que en su día  nuestros predecesores adquirieron.  Y aunque mi madre siempre ha tratado, ingenuamente, de dirigirnos a todos sus hijos, los tres, en el camino de la espiritualidad católica, no todos hemos sido capaces de acatar sus deseos.  Y desde el respeto, la distancia y la libertad de decidir, vemos estas figuras de escayola, que tantos años han pernoctado en la falsa de casa de mis padres,  con otros ojos que nuestros ascendientes.  El afecto, el cariño, la “devoción” entendida desde la aconfesionalidad y la nostalgia, la misma.  Bendita contradicción
Resido desde hace ya más de veintitrés años en la ciudad extremeña de Mérida. Aunque su Semana Santa haya sido catalogada como una de las más entrañables manifestaciones en las que se combinan con majestuosidad la monumentalidad de una Ciudad Patrimonio de la Humanidad y de unas Cofradías antiquísimas, al que suscribe nunca le ha llamado la atención el participar activamente en sus largas Procesiones.  Y cuando he presenciado, con agrado, estas manifestaciones, mi corazón, mi ilusión y mi deseo estaban, lejos, muy lejos de aquí, en mi querida y añorada Andorra; sí, la de Teruel.
No conozco otra manifestación igual, quizás desde el desconocimiento más absoluto, en la que de la mano, fraternalmente, creyentes y no creyentes tratemos de exaltar una tradición, indiscutiblemente religiosa, para ser catalogada de Interés Turístico Nacional.  Y quizás, quien sabe, esa entrañable “comunión” entre los dos polos diametralmente opuestos el resto del año, sea la que permita la Grandeza y Brillantez de nuestra peculiar Semana Santa.  Bendita contradicción.
Mis conocidos extremeños, observan incrédulos las fotografías en las que aparezco acompañando a Nuestro Señor atado a la Columna, perfectamente ataviado para la ocasión y mostrando mi más absoluta satisfacción por hacerlo.  Recuerdo como al principio trataba de explicarles el porque de esta controversia, argumentando que si se trataban de Cofradías familiares, que lo son o que lo eran, que si la vinculación con la Iglesia era relativa, que si..., que si..., ....  .  Bendita contradicción.
Una de las sensaciones más maravillosas que he podido experimentar y que me gustaría transmitiros mediante estas líneas fue el día en que cuatro generaciones de “Abellanes” de mi arraigo (algunos de adopción como el bueno de mi padre o mi querida abuela) contemplaban, unos y acompañábamos, otros, el Paso a su paso por la puerta de la casa en la que hemos crecido: mi abuela Agustina, devota, a su manera, de su Cristo donde las hubiera, en el ventana derecha del comedor; mi madre y mi padre, en la puerta; mis hijos en la fila de la izquierda; un servidor empujando la peana.  No soy creyente y aun ahora, se erizan los pelos de mis brazos recordando aquella bonita estampa.  Bendita contradicción.
 
La otra imagen que os comentaba al inicio, era la de mi BOMBO que me “aguarda” hasta la mañana del Jueves Santo en el corral de mi abuela.  Pirograbado con maestría, como todo lo que hacían las manos de mi madre, reza la fecha de su adquisición allá por la Semana Santa del año de 1981, después de “jubilar” aquellos tambores estridentes que aún hoy siguen haciendo las delicias de los más pequeños de la familia y que no osamos procesionar por aquello del qué dirán, si los comparamos con la música celestial que emana de los nuevos tambores sólo con dejar los palillos encima de su transparente piel.  Todos los años, como manda el ritual, la mañana del Jueves Santo se tensan sus recias cuerdas para que no se produzca daño alguno en su desgastada piel.  Fruto de una juventud que se pierde, irremediablemente, restos de sangre derramada de unos nudillos cansados en el amanecer del Viernes Santo cuando varios “parranderos”, los de siempre, tratábamos de mantener abiertos nuestros adormecidos parpados, después de haber devorado aquella conserva que la Santa Madre Iglesia prohibía comer por aquello de no probar la carne en tan señalada fecha y después de haber pasado “en vela” toda la noche.  La Rompida de la hora, la emotiva subida a San Macario a las cinco de la mañana (luego adelantada a las dos por aquello de popularizar el acto), la salida y bajada a hombros del Cristo de los Tambores, el recorrido por la “carretera”, hoy Avenida San Jorge, haciendo la obligatoria parada en todos y cada uno de los bares de rigor, las procesiones, etc., etc., ... fotografías que se agolpan en mi mente a una rapidez trepidante. 
Y un buen año, descubres que aquellos que siempre habían tenido en “la Palillera” el exponente máximo de habilidad frente al tambor y al Bombo, incentivados bien es cierto, por alguien a quién quizás nunca agradeceremos bastante su dedicación y su disponibilidad por difundir la Cultura con letras mayúsculas, se agrupan organizadamente en una Cuadrilla de magníficos tamborileros, tan dignos como el que más, haciéndote comprender que “nunca es tarde si la dicha es buena”.  Vaya mi admiración por todos vosotros.
Y cuando todo parece acabar, descubres quizás, uno de los momentos más entrañables.  Durante muchos años, mis compromisos laborales no me permitieron disfrutar del Sábado Santo en mi querido pueblo y lo utilizaba para retornar a mi Extremadura del alma.  Quiso el destino que un buen año, no muy lejano por cierto, pudiera acompañar a la Procesión del Sábado Santo con mi Bombo.  Al terminar, esperando que cada uno marchara para su casa con más o menos rapidez, pude descubrir cómo se “despedía” a la Semana Santa Andorrana.  Los congregados en la Plaza de la Iglesia, como en un Pacto de estruendo, permanecen “aporreando” armoniosamente sus Tambores y sus Bombos y parece transmitirse el sentimiento mutuo de querer detener el tiempo, ingenuamente, para poder, eternamente, seguir tocando en nuestras raíces mas profundas.  Y el tiempo corre, el sonido permanece y las pulsaciones de los miles de corazones se fusionan.  Transcurre una eternidad magnánima. Al unísono, como no podía ser de otra forma, el sonido se detiene y un sentimiento de liberación asciende hacia ese cielo que observa, perplejo, semejante manifestación.  Y el silencio se apodera de todo.
 
No me gustaría cerrar el texto sin agradecerte, querido José Ángel, la generosidad de haberme permitido compartir este pequeño trozo de mí.  Gracias.
Igualmente, gracias a todos vosotros por permitirme haberos robado un poco de vuestro tiempo en leer algo que he tratado de escribir desde lo más profundo de mi corazón. Gracias.
 
 

domingo, 30 de marzo de 2014

Un error imperdonable


 El ruido ensordecedor se detuvo. Y el silencio se apoderó de todo. Respiré tan profundamente como me permitía el acelerado palpitar de mi corazón. Y entonces escuché aquel serpentín que me trajo a la mente la imagen de una posible explosión. Me quité el cinturón de seguridad y abrí, con absoluta facilidad, la puerta saliendo del habitáculo sin impresión alguna de sentirme atrapado. Y entonces, al girar la vista hacia el coche, mi coche, del que acababa de salir, comprendí que estaba increíblemente vivo.

 Tan sólo tuve tiempo de rectificar la trazada que la inercia había marcado en la dirección, al perder yo el control de la misma. Un desnivel y un sinfín de encinas centenarias se dibujaron, de repente, en mis pupilas. Un certero golpe de volante y las encinas se transformaron en las señales de tráfico que delimitan las carreteras. Y a partir de ese momento, mis manos se aferraron al volante con la misma fuerza con la que yo me aferraba a la vida, que veía, milésima a milésima de segundo, peligrar. Que recuerde, arrollamos dos señales de tráfico, el indicador del punto kilométrico 246 de la Nacional 430, dirección Ciudad Real a Badajoz, de Luciana a Puebla de Don Rodrigo y también, la señal de peligro por curva, además de algún que otro indicador de medición entre kilómetros, esas balizas blancas y negras a las que no solemos prestar atención alguna. Y después de alguna angustiosa vuelta de campana, el coche, mi coche, se detuvo apoyando sus cuatro ruedas en la tierra que separaba el arcén y el desnivel, justo al lado de esa enorme encina que yo veía, vuelta a vuelta, cada vez más cerca y a la que convertí, como no podía ser de otra manera, en mi peor enemiga.
 
 Si es cierto que tenemos siete vidas, yo sin duda me he jugado una el pasado día 27 de Marzo de 2014. Y con éstas seis que me quedan, tengo que planificarme para poder llegar a los ciento dos años, con los que siempre he soñado vivir.  Y cuando un día te definí como mi Luz, mi Color y mi VIDA, no iba tan desencaminado.
 
 Si hay algo que recuerde por encima de todo es mi lucha interior para no asumir que había llegado mi hora. Estaba realmente "encabronado". No me podía estar pasando a mi. Yo que siempre había luchado por una conducción razonable y conciliadora. Yo que siempre había respetado la mayoría de las normas de circulación. Yo que incluso había parado cinco minutos antes en el Asador de Piedrabuena, para tomar ese ansiado café que hubiera evitado todo este relato y estaba todavía cerrado. Yo que había pensado que en una carretera de montaña, con curvas y más curvas, era imposible sufrir un despiste como el que sufrí. Yo que le había "jurado" a mi madre que nunca moriría en un estúpido accidente de tráfico. Yo que casi aprendo antes a conducir que a andar. No me hubiera perdonado, jamás, haber sido el causante de daños a terceras e inocentes personas. No podía ser el protagonista de la noticia triste de prensa, que estaba escribiendo en primera persona.
 
 Y sobre todo, no podía dejarte así, tan sola y tan confusa, porque te había prometido que tendría cuidado. No podía dejar de amarte. No podía dejar de vivir contigo todo lo que habíamos dibujado en esa fina arena, de aquella singular playa onubense, donde incluso habíamos dejado nuestros zapatos en la orilla, signo inequívoco de una ansiada vida en común. No podía fallarte después de todo lo que estabas haciendo por estar junto a mi. Y me empeñaba en buscarte, porque sabía que sólo tu podrías sacarme de allí. No podía dejar sin contestar el Whatsapp que todos los días me enviabas a ese móvil que convive conmigo. "Buenos días!! Mi Amorcito!!". Pero por más que te buscaba, no te encontraba. Cuando todo estaba perdido, cuando ya no había forma de encontrar la vida, mis ojos dejaron de buscarte y entonces, solo entonces, susurraste en mi oído, igual que cada amanecer que juntos hemos vivido, un "te quiiiiiiiieeeeeroooooooo" tan precioso,  tan dulce, tan sensual, que el ruido ensordecedor se detuvo. Y el silencio se apoderó de todo.

martes, 18 de marzo de 2014

¿Ahora?

  Y después de haber preguntado tanto y tanto, incluso al mismo mar que te cobija, sus olas, ahora, te traen a mi.

  Y después de haber buscado por tantos y tantos inhóspitos lugares, descubro, ahora, que nunca te habías ido de mí.

  Y después de haber llorado tanto y tanto, mis propias lágrimas, ahora, dibujan tu silueta.

  Y después de todo, ¿ahora?.

  Si, por fín, ¡¡ahora!!.

viernes, 14 de marzo de 2014

Inminente


  Estaba yo absorto, con una idea fija en mi pensamiento, sin saber si iba o venia, si estaba o desaparecía, con todos mis sentidos puestos en tratar de encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que estaba encerrando dentro de mí. Siempre he sido un ser transparente donde los hubiera y no he sido capaz de mantener en secreto, muchas de las cosas que me han pasado ya, en mi dilatada vida. Y seguro que me hubiera ido mucho mejor. Es otro de los muchos defectos con los que cabalgo por este mundo.
  Es como si le suplicas "prefiero compartirte, antes que perderte", siendo una decisión profunda, adulta y meditada. No hay opción posible, no hay grises que te lleven del blanco al negro, no hay caminos moderados que te alejen de los dos extremos posibles.
  Es como si te susurra "no es que no quiera, que si quiero, es que no puedo".  Y tu, mirándola a los ojos llorosos con los que te observa, no puedes articular palabra alguna, ni tan siquiera un te quiero que te sabe, ya, a poco, porque tienes un nudo tan grande dentro de ti, que te impide pensar qué pasará mañana, o allí, o después.  
  Es como si le musitas "dame tu boca pa' quererte" e imaginas el placer de asomarte a ese balcón que te transporta a aquel mar que tanto adoras. Y a esos labios que te hacen enloquecer.
  Es como si "robarle tiempo al tiempo" te permite disfrutar de ese pequeño y maravilloso instante que la mayoría desprecia.  
  Es como si "inminente" solo fuera una visión fugaz desde la ventana de mi habitación.